Hace unos cinco años recorrí varios corporativos dando charlas sobre innovación. La pregunta que me hacían siempre era esencialmente la misma: ¿cómo podemos ser más ágiles? ¿Cómo hacemos para innovar como una startup?
En una de esas ocasiones llegué preparado para dar esa charla y me enteré un día antes de que el público sería una startup, no un corporativo. Decidí no cambiar el material. Y esa decisión me confirmó algo que pensaba desde hacía tiempo: el problema no es exclusivo de los grandes.
La idea de que las startups son inherentemente más innovadoras y ágiles que los corporativos es, en buena medida, un mito. O al menos una verdad que tiene fecha de vencimiento.
Los corporativos, en realidad, hacen muchas cosas muy bien. Escuchan a sus consumidores, monitorean a la competencia con cuidado, invierten en desarrollar mejores productos y buscan ser cada vez más eficientes en todo lo anterior. Su fortaleza está en ejecutar. Y en ejecutar cada vez mejor.
Las startups, en cambio, operan desde otra lógica. Buscan el product market fit, se concentran en nichos que los corporativos han ignorado, se enfocan en un solo problema y experimentan rápido y barato. Su fortaleza está en explorar. Y cuando encuentran el fit, escalan.
El problema aparece cuando cada tipo de organización se queda atrapada en su propia lógica. El corporativo que solo ejecuta deja de explorar y pierde capacidad de adaptación. La startup que encuentra tracción y empieza a escalar sin desarrollar disciplina operativa se vuelve lenta, burocrática, indistinguible de aquello que alguna vez quiso transformar.
Ahí está la clave: toda organización, sin importar su tamaño o su edad, necesita aprender a vivir en ambos mundos al mismo tiempo. Explorar nuevos mercados y problemas mientras optimiza y escala lo que ya funciona. Eso es lo que algunos llaman una empresa ambidiestra.
Guía práctica
Es una pregunta que conviene hacerse con honestidad, sin importar en qué tipo de organización estés: ¿dónde está el peso de tu energía hoy? ¿En ejecutar lo conocido o en explorar lo nuevo? Si la respuesta es casi completamente uno de los dos, algo está en desequilibrio. La agilidad no es una característica que se tiene o no se tiene. Es una práctica que se construye, se protege y, si no se cuida, se pierde.
Las startups no son inmunes a volverse lentas. Los corporativos no son incapaces de innovar. La diferencia está en si alguien dentro de la organización tiene esa conversación antes de que las circunstancias la impongan.



