La pregunta que cambió mi forma de trabajar.
Hay una pregunta que me hago desde hace años antes de arrancar cualquier proyecto: ¿para quién estoy haciendo esto?
Parece simple. Pero la respuesta ha cambiado varias veces a lo largo de mi carrera, y cada vez que cambió, cambió también todo lo demás.
Al principio, cuando empecé a construir cosas en ese mundo nuevo que era Internet, la respuesta era honesta y un poco ingenua: para mí. Para aprender. Estaba explorando un territorio que nadie terminaba de entender todavía. Crecía profesionalmente en algo que me apasionaba.
Pronto eso cambió. Entendí que mis esfuerzos no eran para mí, sino para mis clientes. Que cada acción de marketing tenía que estar orientada a cumplir sus objetivos, sus metas, su visión de negocio. Y eso estaba bien. Era un avance real en mi forma de pensar.
Pero pasó el tiempo y ocurrió algo que no anticipé: descubrí que mis clientes tampoco eran el destinatario final de lo que hacía. Lo era el cliente de mi cliente. El usuario. La persona que al final del día interactúa con la marca, toma la decisión de compra, recomienda o no recomienda, regresa o no regresa.
Ese descubrimiento cambió mi perspectiva para siempre. Desde entonces, la brújula que orienta mi trabajo no es el brief del cliente ni el presupuesto de campaña. Es ese usuario, cada vez más exigente y más escurridizo, que en términos generales siempre busca lo mismo: servicio extraordinario y valor que supere lo que pagó por recibirlo.
Cuando escribo, lo tengo presente. Si me pagas con tu tiempo, tengo la obligación de entregarte algo que lo valga.
Y la guía práctica es exactamente esa: antes de hacer una pieza publicitaria, una app, una campaña, una implementación de marketing automation, detente un momento y hazte la pregunta. No “¿qué quiere mi cliente?” sino “¿qué necesita la persona a la que mi cliente quiere llegar?” Son preguntas distintas. Y la diferencia entre responder una u otra define la calidad de todo lo que produces.
El usuario siempre fue el destinatario real. Solo que a veces lo perdemos de vista detrás de las capas de aprobaciones, presupuestos y objetivos internos.
No lo pierdas.



