Escribí esto en febrero de 2023, cuando ChatGPT llevaba apenas semanas de estar disponible al público masivo. Lo releo en 2026 con la distancia de quien vio ocurrir lo que entonces era especulación. Agrego al final una nota con lo que aprendí desde entonces.
Como muchos, había estado haciendo todo tipo de experimentos con ChatGPT y otras herramientas de IA generativa. Lo que más me importaba era descubrir cómo podían ayudar a acelerar o mejorar el trabajo de marketing.
Era una revolución evidente en varios sentidos: ayudaba a superar el síndrome de la hoja en blanco, servía como interlocutor para pelotear ideas, permitía generar referencias visuales para acelerar procesos creativos y podía esbozar una estrategia de marketing digital básica en minutos.
Sobre ese último punto quería ser honesto. Estas herramientas no solo servían a agencias. También a marcas que buscaban cómo abordar sus esfuerzos digitales sin depender de terceros. Y aquí venía la parte incómoda: si bien ChatGPT podía generar una estrategia genérica, la mayoría de agencias que contactan a una empresa tras ver “estoy buscando agencia” publicado en LinkedIn tampoco generaban algo sustancialmente mejor.
Lo que intuía en ese momento era que la IA transformaría la forma de trabajar tanto en agencias como en marcas. Que quienes la aprovecharan correctamente serían más ágiles y efectivos. Y que quienes no lo hicieran seguirían produciendo estrategias genéricas, con o sin IA.
Nota editorial — marzo 2026
Tres años después, la intuición se confirmó. Pero con un matiz que entonces no vi con suficiente claridad.
La IA no niveló el campo. Lo amplió. Las agencias y profesionales que ya tenían criterio propio, que sabían hacer las preguntas correctas y que entendían a fondo a sus clientes, usaron la IA para multiplicar su capacidad. Los que producían trabajo genérico antes de la IA siguieron produciéndolo, ahora más rápido.
La herramienta no reemplazó el juicio. Lo aceleró. Y eso significa que la distancia entre quien sabe y quien no sabe se hizo más grande, no más pequeña.
El síndrome de la hoja en blanco, sí, prácticamente desapareció para quien trabaja con estas herramientas. Pero apareció un síndrome nuevo: conformarse con el primer resultado. Usar la velocidad de la IA como sustituto del pensamiento propio en lugar de como punto de partida para mejorarlo.
Eso, en 2023, no lo anticipé con suficiente claridad. Y vale la pena nombrarlo.
¿Cómo ha cambiado tu forma de trabajar con IA desde que empezaste a usarla? Me interesa saber si tu experiencia se parece a la mía.




