El problema de comprensión lectora en México es grave. No lo digo solo como opinión.
Según los resultados de PISA 2022, México se encuentra entre los países con menor proporción de estudiantes que alcanzan niveles superiores de competencia lectora, y se mantiene en los últimos lugares entre los países de la OCDE El Financiero. Y según el Módulo sobre Lectura del INEGI de 2023, el porcentaje de población lectora en México alcanzó su dato más bajo desde 2016, con una caída de 12.3 puntos porcentuales en ese periodo Banxico.
Los números confirman lo que cualquiera que enseña, escribe o simplemente conversa en este país puede percibir: hay un problema profundo con la forma en que leemos y comprendemos.
Y no me refiero solo a los estudiantes. Me refiero a todos.
Quien no es capaz de comprender lo que dice un párrafo, tampoco es capaz de comprender con precisión cuando se le hace una pregunta. El problema no se queda en la página impresa. Se traslada a la conversación, a la reunión de trabajo, a la negociación, a la relación. Quien no conoce el significado de una palabra al leerla, tampoco lo comprenderá al escucharla. El vocabulario no es un adorno. Es el instrumento con que pensamos.
Y hay una consecuencia que me parece especialmente costosa: quien no lee bien tiende a escuchar para responder, no para comprender. La diferencia entre esas dos formas de escuchar es la diferencia entre el diálogo y el monólogo disfrazado de conversación.
Qué hacer
Promuevan la lectura. No solo en sus hijos. No solo en sus colaboradores. En todos. En el equipo que dirigen, en las personas que les rodean, en los espacios donde tienen influencia.
No es un problema exclusivamente educativo. Es un problema de todos. Y perpetuarlo tiene un costo que pagamos cada día sin notarlo.




