El presente es lo único que tenemos. Una analogía para no olvidarlo.

Hace unos años, en un retiro de mi comunidad cristiana, un sacerdote dijo una frase que no he podido olvidar: “La depresión es exceso de pasado, la ansiedad es exceso de futuro.”

Me quedé con ella. No porque sea nueva —la sabiduría contemplativa lleva siglos diciendo algo similar— sino por la precisión con que lo formula. Pequeñas dosis de pasado y de futuro están bien. Son necesarias. Pero el grueso de tu energía, tu atención y tus acciones debería estar en el presente. Es lo único que realmente tienes. Lo único que hay, como dice Julieta Venegas.

Soy escritor de poesía y en mis clases siempre uso analogías. No siempre son perfectas, pero cuando funcionan, instalan una idea de una forma que ninguna explicación directa consigue.

El presente, el pasado y el futuro.

Cuando conduces un auto, el parabrisas es tu presente. Tu mayor panorama de visión y de acción. Si dejas de prestarle atención, aunque sea un momento, el riesgo es inmediato. El pasado está en el espejo retrovisor: lo miras de vez en cuando, para saber por dónde has pasado, para identificar algo que venga detrás y pueda afectarte o ayudarte. Pero no conduces mirando el retrovisor.

analogía del presente y el pasado

¿Y el futuro? Aquí es donde la analogía se vuelve más interesante.

El futuro no aparece en el auto porque no es un destino fijo. No existe como punto inevitable al que llegarás sin importar lo que hagas. Lo que existen son futuros posibles. Y para eso están las señales de tránsito.

analogía del futuro

Una señal de curva próxima indica algo que ocurrirá con alta probabilidad. Una señal de zona de derrumbes indica algo que podría ocurrir. Esa distinción importa. El futuro tiene señales, no certezas. Y leerlas bien es una habilidad que se puede cultivar: el diseño de futuros, el trend-watching, el análisis predictivo, el pensamiento sistémico son disciplinas que existen precisamente para eso. No para predecir el futuro como si fuera inevitable, sino para prepararte para los futuros posibles con más criterio que quien no las conoce.

Pero nada de eso reemplaza la atención al presente. La preparación para el futuro se hace hoy. La revisión del pasado también. Todo ocurre en el único tiempo que realmente existe.

A veces yo también lo descuido. Y cuando lo noto, vuelvo al parabrisas.

Compartir artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *