Una estrategia de marketing no cabe en una hoja de cálculo.

Desde que recuerdo, cuando planteo una estrategia de marketing a un cliente uso algún tipo de esquema. A veces una pirámide. A veces una escalera. Quizá conceptos que se relacionan y se potencian entre sí. A veces simplemente una frase que sintetiza el ideal a perseguir.

Nunca una hoja de cálculo.

Representación ficticia de una estrategia de marketing en una hoja de cál

Y sin embargo, cada vez me encuentro más marcas que representan su estrategia exactamente así: una lista de actividades con su inversión asignada, sus métricas proyectadas y sus totales que tienen que cuadrar dentro del presupuesto. A veces se juega con los números para entrar en presupuesto. Indiscriminadamente. Un poco menos aquí, un poco más allá, sin que nadie pregunte qué se pierde en el ajuste.

Porque son muy importantes los clics, ¿o no? ¡O los views en TikTok!

No te confundas

El problema no es la hoja de cálculo en sí. El problema es confundir el contenedor con el contenido. Una estrategia representada como lista de actividades con presupuesto asignado no es una estrategia. Es un plan de inversión. Y como decía en el artículo anterior, un plan no es una estrategia.

Una estrategia bien representada debería hacer algo que una hoja de cálculo no puede hacer: hacerte pensar cada vez que la miras. Recordarte por qué cada acción importa. Mostrarte lo que se va construyendo con el tiempo, la relación entre las piezas, el ideal que se persigue. Eso no cabe en una celda.

Me quedo con la representación libre. Con el esquema que incomoda un poco, que obliga a explicar, que no se puede leer de un vistazo sin pensar. Llámenme tradicional o innovador. Así soy.

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