Una encuesta reciente de Pronetwork dice que el 89% de los líderes empresariales en México planea incorporar agentes digitales como parte activa de sus equipos este año. No como herramienta de apoyo. Como integrante.
Es una cifra que suena bien en una presentación. Lo que no suena tan bien es la pregunta que viene después.
¿Quién en tu empresa va a definir qué hace ese agente? ¿Y quién va a notar cuando esté tomando decisiones que nadie le pidió que tomara?
Porque el problema con incorporar a alguien que no entiendes no es que no sirva. Es que tampoco vas a saber cuándo está fallando, ni cuánto tiempo lleva haciéndolo.
He visto algo parecido antes, en otro contexto. Empresas que contratan a un director de marketing sin saber qué pedirle, sin métricas claras, sin entender bien para qué sirve ese rol. El resultado no es necesariamente que el director trabaje mal. Es que nadie puede saberlo. Y esa incertidumbre, con el tiempo, cuesta más que el salario.
Con los agentes de IA el riesgo es el mismo, pero la velocidad es otra.
Un agente puede procesar en minutos lo que un equipo haría en días. Eso es exactamente su valor. Y es exactamente por qué el criterio humano arriba de él importa más, no menos. Si nadie sabe evaluar lo que produce, la velocidad deja de ser una ventaja y se convierte en otra cosa.
La pregunta más honesta no es si tu empresa está lista para usar agentes de IA. Es si alguien en tu empresa tiene el criterio para supervisarlos.
En la mayoría de las empresas medianas en México, esa persona todavía no existe. No porque la tecnología sea nueva, sino porque nadie ha pensado todavía en ese rol. Estamos contratando al empleado sin haber definido quién va a ser su jefe.




